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Sector textil8 min

Una textil del Maresme unificó pedidos y stock

Centralización de pedidos y stock en una empresa textil del Maresme

Correo, WhatsApp y Excel convivían sin hablar entre sí. Los fallos de talla y las reservas duplicadas se repetían cada semana.

Confección en el Maresme con clientes en toda España

Una nave entre Mataró y el litoral lleva más de veinte años fabricando ropa de trabajo y prendas técnicas. Comercial, administración, confección y logística atienden clientes en Cataluña y el resto del país con correo, WhatsApp y hojas Excel en carpetas de red.

Habían mirado un programa de gestión genérico años atrás, pero la demo enseñaba pantallas de distribución estándar, no desgloses por talla, color, tejido y acabado. Siguieron con Excel mientras los pedidos eran predecibles. Cuando creció la venta online, comercial y logística empezaron a ver cosas distintas con demasiada frecuencia.

Tallas, colores y cuatro versiones del mismo pedido

Faltaba un registro único por pedido que atravesara comercial, administración, confección y nave. Un cliente confirmaba cantidades por correo, pedía un ajuste por WhatsApp al comercial de confianza y recibía una factura distinta a la que había impreso taller. Administración copiaba datos a mano desde el buzón a una hoja maestra; confección trabajaba con listados impresos actualizados a veces una vez al día; logística anotaba entradas y salidas en otra tabla con criterios propios para reservas y disponible. Preguntar cuántas unidades quedaban de una referencia dependía de a quién se consultara y de qué archivo estuviera más reciente.

En textil, el desfase entre lo vendido y lo fabricable se multiplica por variantes. Un error de transcripción acaba en un corte mal hecho o en excedente que ocupa espacio y capital. Logística reservaba telas con criterios distintos y confección consumía materia prima sin devolver siempre el dato al mismo sitio. Los lunes servían para cuadrar versiones en lugar de planificar la semana.

Desajustes entre lo vendido y lo que había en nave

Los clientes exigentes empezaron a notarlo. Retrasos en entregas parciales porque una talla se había confeccionado de más y otra de menos; devoluciones administrativas por discrepancias entre albarán y pedido original; tiempo comercial perdido en aclarar lo que ya debería estar cerrado. Internamente, logística culpaba a administración por datos tardíos, confección reclamaba listados definitivos antes de medianoche y comercial defendía cambios legítimos que no habían quedado registrados en ningún sitio. Parte importante de la jornada se iba en comprobar, copiar y perseguir información.

Con más venta digital, la promesa de plazo en web chocaba con un stock físico que nadie veía en tiempo real. Lo urgente era dejar de trabajar con cuatro verdades distintas sobre el mismo encargo.

Un registro por pedido, pensado para confección

La respuesta no pasó por sustituir maquinaria ni por implantar un programa rígido. Se optó por un software a medida que partía del flujo real: alta de pedido con desglose obligatorio por talla y color, estados claros desde confirmación hasta expedición, y un único identificador visible para comercial, taller y nave. Correo y WhatsApp siguieron como canal de comunicación, pero dejaron de ser la fuente de verdad: cualquier cambio acordado con el cliente debía reflejarse en el registro antes de mover confección o reservar tela. Las hojas históricas se mantuvieron un tiempo en solo lectura mientras el equipo se acostumbraba a pantallas sencillas en recepción, planta y nave.

Fases y reglas que el taller aceptó

El proyecto se acotó en fases. Primero, pedidos confirmados y reserva de materia prima; después, consumos de confección y disponible para venta; por último, conexión con un canal web concreto. El stock dejó de calcularse con fórmulas distintas en archivos separados: entraba lo recepcionado, salía lo servido y lo comprometido por pedido en curso, con reglas acordadas para mercancía en tránsito y unidades en revisión. Confección recibió listados desde el mismo dato que veía comercial, y logística imprimió etiquetas y albaranes ligados al número de pedido sin reescribir cantidades.

Menos lunes de reconciliación

A los pocos meses, bajaron las incidencias por talla o color incorrecto; las reuniones del lunes pasaron a una revisión breve de excepciones; comercial recuperó tiempo para visitar clientes. El responsable de planta pasó de perseguir papeles a consultar un estado compartido antes de lanzar cada lote.

Siguen existiendo urgencias, temporadas densas y proveedores externos con sus propios plazos. La diferencia es que hoy trabajan con una sola versión del pedido y un criterio común de stock. Para una pyme textil del Maresme, ese salto significó modernizar el despacho sin renunciar a la flexibilidad que pide el sector.

En Andruma trabajamos este tipo de soluciones para empresas industriales y operativas que necesitan más control y menos tareas manuales.

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